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TRADICIÓN ANDINA

Antiguos Constructores Andinos

Mayucmarca de Saqsayhuaman

1 de Octubre, 2007, 20:49

Por @ 1 de Octubre, 2007, 20:49 en General

MUYUCMARCA   DE  SAQSAYHUAMAN

 

“Si el recuerdo puede evocar el pasado

en  el presente, es porque el presente

contiene  virtualmente  toda la extén-

                                                                     sión del pasado”.      

Titus Burckhardt

 

Carlos Piazzini Núñez / Luciano Willak Jankani

 

Esta nota, recoge los estudios de algunos investigadores de nuestro pasado con relación a Saqsayhuamán y uno de los antiguos Rituales Sagrados que aquí se realizaban....

 

Saqsayhaman o Sacsaywuaman, es un complejo arquitectónico imponente, obra de los habitantes precolombinos del antiguo Tahuantinsuyo.

 

El nombre original del lugar causa controversia existiendo muchas interpretaciones, entre las que se tiene que Saqsaywaman se deriva del verbo Quechua "saqsay": saciar o saciarse, y el sustantivo "waman" o “Huaman” = halcón, significando "sáciate halcón". Otra versión afirma  que el nombre es Saqsawaman, que deriva de "saqsa", jaspeado, y "waman", "halcón jaspeado". Al ver un plano aéreo de la antigua cuidad del Qosqo, se observa la forma de un puma y que en la cabeza se encuentra,  siendo su nombre una posible deformación de Saqsauma que deriva de "saqsa, jaspeado(a), y "uma" = cabeza, "cabeza jaspeada".

 

La construcción de Saqsayhaman fue iniciada por el Inca Pachakuteq, con posterioridad a 1438. Quien mejor describe el monumento es Gracilazo Inca de la Vega (1539-1616), señala que su construcción duró unos 50 años hasta el período de Wayna Qhapaq; ya estaba concluido a la llegada de los conquistadores.

 

Hoy en día al lugar  se le conoce con el nombre de "Fortaleza de Saqsayhaman “ y que en realidad no fue una fortaleza; como lo describen diversas crónicas, Saqsaywaman tuvo una función preponderantemente religiosa, antes que bélica. Cieza de León indica que fue la "Casa Real del Sol", Gracilazo narra que fue "...casa del Sol, de armas de guerra, como lo era el templo de oración y sacrificios".

 

La confusión surge en 1536 durante el cerco de Manco Inca al Qosqo cuando le dio una función bélica para luchar contra el invasor que había ocupado el centro de la ciudad; en este lugar Juan Pizarro fue muerto en el asalto a la fortaleza. En el asedio a Saqsayhaman también surgió un anónimo guerrero Quechua de nombre Qawide

 

Garcilaso señala que en su niñez solía visitar y jugar en el lugar, que era un complicado y extenso laberinto por lo numeroso de pasajes y puertas existentes,  necesitándose de un guía para su visita o el uso de un ovillo de hilo para salir guiándose por él.

 

En la parte más alta de Saqsayhaman existieron tres “cercas”, bastiones o muros en zigzag, representan los tres niveles del mundo religioso andino, el Ukuq Pacha, el Kay Pacha y el Hananq Pacha en la parte superior; niveles que además se identifican con sus tres animales sagrados: el Amaru o Machaqway (serpiente), el Puma y el Kuntur (cóndor). Por la forma zigzagueante, además representan al dios Illapa (el rayo).

 

La destrucción de Saqsayhaman duró unos 400 años; desde 1536 cuando Manko Inca se refugió en el complejo, en la guerra contra los conquistadores, posteriormente los españoles utilizaron sus piedras para hacer sus casonas, y en 1559, se ordenó trasladar las andesitas para la construcción de la catedral.

 

Se sabe que aún en 1930, los vecinos del Qosqo, pagaban ínfimas cantidades de dinero a la Municipalidad a fin de llevarse las piedras de Saqsayhaman para construir sus viviendas; 4 siglos de destrucción en los que se utilizó casi todo el complejo como cantera para la reconstrucción de la ciudad del Qosqo.

 


Garcilaso Inca de la Vega, en sus Comentarios Reales escribió que: “Pasadas aquellas  tres cercas (de Saqsayhuamán) hay una plaza larga y angosta  donde había  tres torreones  en triángulo. Al principal de ellos que estaba al medio lo llamaron Muyuq Marca (Muyucmarca), quiere decir fortaleza redonda; en ella había una fuente de mucha y muy buena agua...”

 


                                                     MUYUCMARCA

 

Y ací conocían por las estrellas y cometas lo que avían de suceder...”  Felipe Guamán Poma de Ayala – Nueva Crónica y Buen Gobierno.

 

Con relación al torreón principal " Muyucmarca" hasta el día de hoy se ha especulado mucho sobre su función; recogiendo algunos comentarios extraídos de las Crónicas de la Biblioteca del Convento de Santo Domingo, corraborando con el relato del  Antropólogo e investigador Luis Enrique Tord, en su libro “Espejo de Constelaciones”, se presenta otra versión sobre la función de Muyucmarca:

 

En la novela “Espejo de Constelaciones”, del antropólogo e investigador Luis Enrique Tord, narra que “al estar escudriñando documentación en la Ciudad Imperial, se topó con un voluminoso expediente en el que intervenían encomenderos españoles que confirmaban la ubicación de sus casonas, sus dimensiones, así como las sucesiones que habían ocurrido desde 1534 hasta 1557, año en que estaba fechado el documento”.

 

Señala que “el motivo de esta registro era un litigio entre los vecinos y la Orden de Predicadores de Santo Domingo por el usufructo de una acequia subterránea de piedra que, venia desde la colina de Saqsayhuamán y que concluía en el Coricancha. Esta acequia atravesaba los solares de los litigantes y cada uno de ellos se sentía con derecho al agua.

 

Este litigio se mantuvo durante 5 años, hasta que los dominicos presentaron a un personaje  que le dio un giro decisivo, haciendo que además quedaran descritas en sus declaraciones, un ritual desconocido, el pensamiento Inca en relación con el cosmos, el significado de la organización urbana del Qosqo, la determinación de los calendarios, las fiestas y las decisiones sobre las campañas políticas y militares de los incas. Estas declaraciones ocupaban un expedientillo, adjuntado al expediente del litigio, rubricado por Don Juan Iñaca Sahuaraura, el último Quilla Huata Quipucamayoc, del Qosqo, Venerable personaje de 77 años, experto en el manejo de los quipus.

 

El Quipucamayoc, da un testimonio excepcional con relación a las funciones verdaderas y secretas que se realizaban en los recintos de la fortaleza de Saqsayhuamán. Es de lamentar que el Oficio de Iñaca haya pasado desapercibido para los historiadores del Incario, siendo su función casi inexistente en las crónicas, (Felipe Guamán Poma de Ayala sí se refiere a ellos denominándolos quilla huata quipoc, en el folio 361 de su Nueva Crónica y Buen Gobierno).

 

En su relato: Iñaca señala que dos veces al año –en junio, mes del Inti Raymi, cuando aparecen en el firmamento las Pléyades (Iñaca los llama Oncoy en su declaración); y en diciembre, mes de Cápac Raymi-, el Inca, el Willac Humo, cuatro consejeros de los Cuatro Suyos y el quilla huata quipucamayoc ascendían al Saqsayhuamán y se acomodaban en unos asientos de piedra alrededor del Muyucmarca, el gran estanque redondo de piedra enchapado en oro y plata en aquel entonces.

 

Aquí se realizaba uno de los rituales mas impresionantes y hermosos del que se tenga noticia. Narra Iñaca "el sobrecogimiento y respeto que embargaba al Inca y su cortejo cuando fijaban la mirada en aquel quieto espejo de agua de lluvia que colmaba el Muyucmarca donde se reflejaba nítidamente el esplendoroso firmamento andino..."

 

El Willac Humo, observando el estanque circular que reflejaba el firmamento zodíacal, señalaba la aparición, luego de su ocultamiento de meses, de los Siete Ojos de Imaimana Ñoarai Wiracocha, es decir, de las Pléyades de Luz parpadeante! Aquellas mismas divinidades que se adoraban en el Templo del Sol (en efecto, es la constelación que se aprecia en el dibujo Juan de Santa Cruz Pachacuti Salcamaigua del altar principal del Coricancha).  Divinidades que reposaban en aquellas aguas cuyo origen, dice Garcilaso de la Vega, los “indios no saben decir de donde ni por donde (vienen)”. Y agrega el mismo historiador “Entre el Inca y los del supremo consejo andaba secreta la tradición de semejantes cosas”

                                             

                                                    El altar del Coricancha

                                                                      con sus figuras  simbólicas

 

Luego Iñaca explica que el Willac Humo se detenía largo tiempo en la expectación de la Vía Láctea, aquel río sideral cuyas compuertas abría Illapa, el rayo, cuando quería.

 

En esas noches –cuenta Iñaca- se ordenaba el silencio absoluto de la Ciudad Imperial. En esa total quietud se recogía el cortejo, fija la mirada en la gran alberca que contenía en sus aguas, la configuración del cielo. Luego de detenida contemplación del lento desplazamiento sideral de las constelaciones, el Willac Humo, empezaba a describir sus vaticinios que,  Juan Iñaca registraba en un quipu de lana multicolor de vicuña.

 

Finalmente el quilla huata quipucamayoc se encargaba de precisar las fechas exactas del inicio de cada fiesta, fechas fijadas contando los días a partir de esa noche de la aparición de las Pléyades en el firmamento. Y procedía a un ritual tan trascendente como el anterior: a vaticinar los tiempos para siembras y cosechas, y describir por los aspectos de las estrellas, cómo se cernía la amenaza del granizo, las lluvias excesivas y las sequías sobre las Cuatro Regiones del imperio.

 

Todos aquellos augurios se fijaban en aquella escritura de nudos, pues de esas previsiones dependía la estabilidad, la vida misma del Reino. Y en aquella noche los Consejeros de los Cuatro Suyos, enterados tanto de los aspectos benéficos como de las advertencias acerca de las calamidades del futuro, procedían a proponer sus previsiones al Inca para, con su consentimiento, ordenar a toda la jerarquía del Imperio las medidas que debían adoptar los súbditos en el transcurso del año.

 

Luego de los augurios, los Huacarimachic –los que hacen hablar a las huacas- ingresaban al recinto del Muyucmarca y con invocaciones y cánticos, levantaban la compuerta que comunicaba el estanque del Huma qoyllor –“el agua de las estrellas”-, con el canal de piedra que descendía por las laderas de la colina e ingresaba por los interiores de los palacios de las calles, hoy llamadas Pumacurco, Nazarenas, Palacio, Herrajes y San Agustín, hasta llegar al Coricancha. Allí, una parte del agua llenaba el estanque octagonal del centro del patio principal y las cuatro fuentes de los extremos, deslizándose el resto al jardín sagrado donde aquel líquido cristalino, profético y celestial daba de beber a los animales y a las plantas de oro y plata” (que adornaban los jardines del Coricancha).

 

El agua era captada de manantiales en la parte superior de las montañas al norte donde existen también numerosos reservorios y llevada hasta el "Sayaq Marka" a través de un canal subterráneo construido en piedras y recubiertas con una capa de arcilla.

 

Todavía hoy se pueden aprecian en la superficie del Muyucmarca circular, los canales labrados para la conducción del agua; además, entre los anillos concéntricos se encuentran bases de 12 muros transversales pequeños que tenían una función especial; algunos “soñadores” denominan "reloj solar" al "Muyumarca". En estos últimos años también han aparecido numerosos "profetas o chamanes" practicantes de un seudo esoterismo o misticismo andino que suelen hacer creer a incautos y turistas que el eje de las bases circulares es un punto especial donde una persona puede "recargarse" con "energía positiva", y fuerza magnética y espiritual, y que además constituye un espacio fónico que produce ecos diversos de "buena vibración"...?

 

Luis Enrique Tord: comenta que en los días subsiguientes, el ardiente sol se “bebía” el agua hasta secar la fuente, retornando de esta invisible manera al seno divino del firmamento.

 

Tord describe que “de las ricas informaciones de Iñaca, quiero destacar una importante explicación que da a luz definitiva a cerca de los “adornos” que, aseveran ciertos cronistas, estaban dispuestos en las paredes interiores del Muyucmarca. Esos “adornos” eran en verdad las imágenes de oro y plata  de las constelaciones incas*. La descripción de alguna de esas imágenes -no de todas-, la adelanta Iñaca, y debo lamentar que no se extendiera más en ellas pues es obvio que no interesó en relación a los derechos de los dominicos sobre el agua del canal”.

 

Las figuras que describe Iñaca, se ajustan a las que recoge el historiados fray Antonio de San Agustín (1653). Este escribe que a Urcuquillay los Incas lo imaginaban como un carnero (vicuña) de muchos colores; a Catuchillay y Urcuchillay como a una oveja con un cordero (ciervo); a Chiquichinchay como a un tigre; (otorongo); a Machaguay como a una serpiente. Ni Iñaca, ni Calancha dan la representación de otras luminarias como –Pirua, Anchochinchay, Chacana (Cruz del Sur), Mamana, Mirco, Miquiquiray, Aucayoc, Catu Illa, Huacha-, y es una lástima, pues se hubiese tenido una aproximación más precisa de la iconografía del zodíaco.

 

Se colocaban las imágenes a lo largo de la pared circular, en línea con la constelación que les correspondía, calculando de esta forma, en diversas épocas del año, el desplazamiento de ellas, lo cual les permitía medir el tiempo anual y lunar, así como vaticinar los acontecimientos agrícolas y político-militares. Sorprende, que nunca se haya percibido la función excepcional de este recinto.

 

El cronista Pedro Cieza de León dice que a Saqsayhuamán “los naturales llamaron "Casa del Sol", y los nuestros "la fortaleza”, afirmación que repite casi textualmente Antonio de Herrera. No es de extrañar, por ello, que en otras versiones –como la de Pedro Sarmiento de Gamboa en su Historia Indica (1572)-, esta fortaleza fuera la “cabeza” de la ciudad sagrada, pues dicho símbolo representaba iconográficamente la cúspide de la forma emblemática del Qosqo que era la de un puma con cabeza de halcón –huamán- por donde el hombre se comunicaba mediante la intuición con lo supracelestial. El Muyucmarca venía a ser pues el agujero (Ojo) por el que se unía el ser del Tahuantinsuyo a la totalidad del Universo,  del sacro Hananq Pacha.

 

Función similar a la del gran Muyumarca de Saqsayhuamán cumplían otros estanques redondos de menores dimensiones en las demás provincias del Imperio. Aquellos recipientes circulares  de piedra, erróneamente designados como “morteros”, no eran más que fuentes transportables para los espejos de agua de lluvia que usaban para sus “lecturas siderales” los quilla huata quipucamayoc provinciales.

 

 Luis Enrique Tord, termina su relato señalando que: “desde que conocí este expediente, no he dejado de sospechar que fue Iñaca quien, mientras vivió, siguió abriendo subrepticiamente, al menos dos veces al año, las perdidas compuertas del Muyucmarca. Gracias a él se deslizaban por el secreto canal subterráneo las aguas de lluvia que corrían hasta el convento de Santo Domingo. Allí anegaban la huerta donde antiguamente había florecido un riquísimo jardín de metales preciosos regados con aquella agua de constelaciones de estrellas. Agua que, para Juan Iñaca Sahuaraura, el último quilla huata quipucamayoc, siguió siendo sagrada, profética, celestial.

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